NARRATIVA

“Por fin corría la voz de que la inclemente guerra llegaba a su término. El gentío danzaba y vociferaba a mi alrededor, aunque yo apenas era capaz de inmutarme ante sus ovaciones. No podía dejarme contagiar por la emoción que les embargaba. ¿Cómo podían estar contentos? ¿Cómo les quedaban fuerzas para celebrar? Era imposible alegrarse por nada tras semejante barbarie. Ahora que los cañonazos habían cesado quedaba lo peor: buscar y enterrar a los muertos, acostumbrarse al acompañamiento de los atroces recuerdos, reconstruir nuestras vidas desde cero, borrar de la memoria el dolor y las torturas…No. Me niego. Yo jamás olvidaré todo lo que vi, todo lo que me hicieron…

Dirigí mi inexpresiva mirada hacia el rutilante río Volga, el agua seguía corriendo como de costumbre, como lo había hecho en los lisonjeros tiempos de antaño. Su cauce permanecía exactamente igual que hacía un mes, cuando junto a él se disputaba una cruenta batalla. El Volga no se había dejado alterar por los avatares de la historia. Sentí cierta envidia de aquel torrente pues, a diferencia de él, el curso de mi vida jamás sería el mismo. Ahora era una mujer nueva. Quizá me había convertido en una mejor persona, o tal vez la guerra había arrancado de mi ser cualquier atisbo de sentimiento…

– ¡Chiquilla! ¡Acércate a celebrar con nosotras! ¡Que todo el mundo se entere! ¡La guerra ha acabado! -Una anciana de gesto amable me hizo señas para que me uniese a su grupo de viudas, embriagadas por la ilusión de la paz que se avecinaba. Traté de esbozar una sonrisa y asentir, pero en cuanto desvió la mirada aproveché rauda para dar media vuelta. Caminé a contracorriente en un desesperado intento por huir del descontrolado tumulto. Aquel clamor generalizado y el movimiento vertiginoso en las calles oprimía mi pecho hasta asfixiarme.

Mientras caminaba alejándome del centro cavilé unos minutos sobre cuál sería mi futuro…No conseguí llegar a ninguna conclusión. Me sentía demasiado aturdida para pensar. Me dolía en el alma ser consciente de que estaba completamente sola. Toda mi familia había perecido en la guerra, y con ellos mis ganas de continuar. Mis hermanos, mis primos y mis tíos habían muerto enfrentándose unos a otros. La terrible división entre Rusia y el pueblo austrohúngaro, del cual me había sentido tan orgullosa durante mi infancia, había provocado que hermanos de sangre se enfrentasen sin, desde mi punto de vista, justificación válida alguna. Siempre creí que viviría en Austria hasta mi muerte, pero la vida en el campo se había vuelto cada vez más ardua y mi padre, pese a la oposición familiar, nos condujo a Samara en busca de un nuevo futuro cerca de un núcleo industrial en desarrollo…Si no nos hubiéramos ido…Sí, probablemente mi familia igualmente habría caído entre las bombas y los disparos del ejército, pero al menos habrían pertenecido al mismo bando. Madre se suicidó cuando le notificaron la muerte de padre en combate…No pudo afrontar tamaño dolor. Quizá ella fue más inteligente que yo al escoger una solución radical. Antes de que la vida se convirtiese en un reto insoportable se deshizo de ella.

Alcé la cabeza para encontrarme con una tropa de soldados rusos que se acercaban lentamente, mi abstracción parecía haber durado largo rato ya que apenas se oían los vítores de los cuales había deseado distanciarme. Un escalofrío recorrió mi cuerpo al contemplar sus verdes atuendos de guerra. La vida en los campos de concentración rusos no había sido precisamente afable conmigo. Sus soldados, imagino que como cualquier hombre conocedor de su cercana muerte, eran implacables y extremadamente groseros, no respetaban nada, ni a nadie. Sufrí durante largas semanas sus burlas, ataques y vejaciones, pensando que en cualquier momento alguno de ellos optaría por estrangularme en una afortunada y fría noche de invierno. Por desgracia, no fue así.

Vádik llegó al campamento una dichosa mañana de 1915. Era un capitán decidido y tenaz que no permitía los lacerantes actos de los soldados en su presencia, consideraba que les convertían en perros salvajes y, pese a la situación sanguinaria que vivíamos, él quería permanecer fiel a sus principios, a la moral, y a la creencia en la bondad humana. Sus ojos, de un intenso azul, eran fríos como el hielo cuando daba órdenes, pero la primera vez que su mirada se cruzó con la mía encendió en mi cuerpo un fuego que jamás había soñado experimentar con semejante intensidad(…)”

POESIA

“Soñador de un sueño eterno,
Visionario de un futuro mejor,
Sanador de un corazón enfermo,
Enamorado de cualquier ilusión.

Sol deslumbrante en el cielo,
Luna en las noches oscuras,
Pasión en los lechos de hielo,
Cazador de buenas fortunas.

Le conocí una tarde de saeta
Abriéndome los ojos a un nuevo fervor
Agitando mi vida como una veleta.

¿Pudisteis hablarle? ¿Era un escritor?
¡No! ¡Mucho mejor!
¡Era un hombre hecho poeta! “

CARTAS/DEDICATORIAS

Ya lo decía Calderón de la Barca: “Es parentesco sin sangre una amistad verdadera”. Eso significas para mí: una parte de mi vida, de mis recuerdos, de mi familia, de mi presente y de mi futuro. Gracias a ti y los tuyos he descubierto que el amor, el cariño y la devoción más grandes, no se restringen únicamente a las personas con las que, por obligación sanguínea, compartimos parentesco.

Dicen que la familia es la que toca, mientras que los amigos se eligen. Yo, personalmente, creo que también se puede escoger a la familia, y, en mi caso, te he escogido a ti como mi tía favorita, como alguien que pertenece a mi familia desde antes que yo tuviera uso de razón, que ha vivido mi gestación, mi bautizo, mis enfermedades, mi comunión, mi crecimiento y mis progresos, y que espero esté presente en los próximos acontecimientos importantes de mi vida.

Mi existencia ya no puede ser concebida sin tu presencia, porque me conoces como si fuera tu propia hija, porque siempre me has cuidado y te has preocupado por mí y mis padres, y porque, simplemente por ser como eres, es imposible no quererte.

A pesar de los vaivenes de la vida, de las desgracias, las pérdidas y las distancias, todo lo que se nos quita por un lado se nos devuelve por otro y, por fortuna, Dios os puso en nuestro camino para completar nuestras vidas, mejorarlas y darles esa chispa que sólo se contempla estando cerca de alguien como tú. Tú, mi querida tía, abuela, madre y amiga, en vez de una sola, eres y representas todas las figuras que pueden esperarse en una familia. Gracias por permanecer velando por nosotros todos estos años, por no juzgar nunca, por esa generosidad sin límites que te caracteriza y que tanto admiro, por entregarte en cuerpo y alma en cada cosa que haces, por ser una de las personas más bondadosas y entrañables que conozco.

Sólo puedo esperar que sigas siendo mi referente, y yo, la niña de tus ojos, y que se te ilumine la mirada como hasta ahora cuando tengo buenas noticias que dar y compartir. Sólo espero, en definitiva, que la vida me deje disfrutar de tu cariño, al que tan bien me has acostumbrado y que tanto necesito, por muchos años más.

PERSONALIZADO: CUENTOS, POEMAS, FIESTAS, INVITACIONES…

¡ESTÁIS INVITADOS A MI FIESTA DE DISFRACES!

Una noche de luna, de estrellas fugaces,

De acelerada y loca pasión estival,

Una noche de máscaras y disfraces,

De reyes y reinas a los que emular.

¿Quién dijo que no era divertido actuar?

No serán los míos, sino los ojos de Cleopatra,

Los que caprichosos te miren al entrar

Si no eres Marco Antonio, sólo a César voy a aceptar.

¿Quién dijo que no era divertido ser alguien más?

Bailar al ritmo de mil y una nación.

Cumplir el sueño de ser alguien especial

Destacar entre los enterrados en el mundo actual.

Debéis absteneros si sois vergonzosos,

Aquí se viene a olvidar, reír y disfrutar

No será igual que un banquete medieval

Pero ni vino ni ron en la mesa faltarán.