CONOCIENDO A GEORGE SAND

En escritor por encargo nos encanta este tipo de historias que demuestran que los escritores fantasma existían en todas las sociedades y tiempos. Y es que no solo ahora se piden libros por encargo, en otras épocas, cuando la literatura despuntaba, muchos eran los que contrataban a un escritor fantasma que renunciase a sus derechos de autor para que la obra fuera publicada con otro nombre. Además de eso, debido a la mentalidad de aquellos años, muchos publicaban con pseudónimos según su edad, origen, ideas políticas y sexo. Éste era el caso de Amandine Lucile Dupin, quien publicaba bajo el nombre de George Sand en la Francia del siglo XIX.

Las mujeres, por desgracia, no accedían a la misma educación que los hombres, además de no recibir el mismo mérito ni consideración, lo que hacía que, entre los grandes literatos, siempre se repita con mayor frecuencia un nombre masculino. Amandine, era una baronesa que decidió escribir, primero con la ayuda de uno de sus amantes, y después bajo el seudónimo masculino de George Sand para tener voz propia. Escribió numerosos títulos a altas horas de la noche después de cumplir con sus obligaciones de ama de casa y, pese a todo, tuvo que usar un nombre de hombre para ser publicada, injusticias del siglo. Y, con todo, lo curioso es que su fama no radica en la calidad o infinidad de sus obras, sino el hecho de que se vistiera de hombre para entrar en el círculo bohemio parisiense de la época. Adelantada a su tiempo, ella misma decía: “El mundo me conocerá y entenderá algún día; y si eso no sucede, no importará demasiado, porque habré abierto el camino para otras mujeres”. Y tanto que lo hizo, y no fue la única que uso aquella técnica, otras tantas la imitaron, otras tantas publicaron con el nombre de sus maridos y, aunque no obtuvieron reconocimiento, si consiguieron engañar y encandilar a una sociedad machista y heteropatriarcal que solo veía el nombre de la portada. A base de esfuerzo, la mujer se ha abierto hueco en el mundo literario, y aun hoy se enfrenta a numerosos clichés. Con ejemplos como el de Amandine, valiente, osada y firme en sus ideales, escritor por encargo espera que las palabras, tanto de hombres como de mujeres, nunca más tengan que competir entre ellas, sino que consigan salir a la luz por igual.